Adam Kahane

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Nuestros modos de hablar y escuchar frecuentemente no permiten solucionar problemas complejos. Nuestra manera más común de hablar es afirmar cómo son las cosas y cómo deben ser, sin permitir que pueda haber otras verdades o posibilidades. Y nuestra manera más común de escuchar es no hacerlo: oír sólo lo que nosotros mismos decimos, no lo que dicen los otros

 

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He aprendido que mientras más abierto soy  -mas atento a la forma como las cosas son y pueden ser, alrededor de mí y dentro de mí- y menos apegado estoy a la manera como las cosas deben ser, más eficiente soy ayudando a suscitar nuevas realidades. Y mientras más trabajo en este sentido, más presente y vivo me siento

 

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La manera como hablamos y escuchamos expresa nuestra relación con el mundo. Cuando caemos en la trampa de decir y no escuchar, nos cerramos e impedimos que el mundo nos cambie, y nos limitamos a creer que el mundo sólo puede cambiarse a la fuerza. Pero cuando hablamos y escuchamos con la mente, el corazón y el espíritu abiertos, sacamos a relucir lo mejor de nosotros y lo mejor del mundo

 

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En situaciones complejas e incontrolables, hemos de experimentar con diferentes posibilidades y acciones, hemos de dar un paso, observar qué ocurre, sentirlo, entender qué parece posible y después dar el siguiente o, lo que es lo mismo, de “cómo no podemos controlar el futuro, pero sí influir sobre él”

 

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En situaciones complejas e incontrolables –y aquí viene lo verdaderamente difícil-, hemos de poner el foco en observar lo que nosotros estamos haciendo, en cómo estamos contribuyendo a que las cosas sean como son y qué necesitaríamos hacer de forma diferente (nosotros, no los demás) para cambiar la situación

 

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Hay dos maneras de desatascar una situación atascada. La primera es que una de las partes actúe unilateralmente y trate de imponer una solución por la fuerza, violentamente. La otra manera de desatascar un problema es que las partes comiencen a hablarse y a escucharse para encontrar un camino y avanzar juntos

 

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No se escucha porque se cree que se sabe. Si yo ya sé la verdad, ¿qué necesidad tengo de escucharlo a usted? Quizá por cortesía o astucia simule que lo escucho, pero lo que realmente quiero es decirle lo que sé, y si usted no me escucha, repetírselo, con más énfais aún

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