Posteado por: ere101 | noviembre 21, 2017

Demasiado emocional

 Cuando pasamos de la conversación a la conexión, nos engañamos a nosotros mismos. Mi preocupación es que, con el tiempo, esto deje de preocuparnos. O, todavía peor, que olvidemos que existe una diferencia. Gretchen es una estudiante universitaria de segundo curso que no es capaz de apreciar la diferencia. La joven se sienta en mi despacho y me dice que le cuesta mucho concentrarse en los trabajos que tiene que hacer. Tiene problemas con su compañera de habitación. Ha estado flirteando con el ex novio de ella. Al principio lo hacía de forma inocente, pero las cosas fueron a más. Ahora el ex novio la utiliza como un arma contra su compañera de habitación

Cuando hablamos Gretchen está distraida. Sus notas son un desastre. Le pregunto si quiere hablar  con alguien del centro de orientación al estudiante. Me contesta que no, que necesita arreglar las cosas con su compañera de habitación. Lo que tiene que hacer, dice, es hablar con ella, disculparse y decirle “toda la verdad”. Gretchen añade: “Esto es lo que me devolverá la concentración”.

Le pregunto a Gretchen si prefiere volver ahora a su habitación, es casi la hora de la cena, y probablemente su compañera esté en la residencia, a solo diez minutos de mi oficina. Gretchen parece confundida, como si mi pregunta no tuviera sentido. “Voy a hablar con ella por el chat de Google”, dice, ” jamás lo haría cara a cara. Es demasiado emocional”.

Me quedé horrorizada cuando Stephen Colbert – interpretando a su “personaje”, un engreído presentador de un programa  de debate político conservador- me hizo una pregunta profunda durante una aparición en su programa:” ¿Acaso todos estos pequeños tuits, estos sorbitos de conexión online, no suman todos juntos un gran trago de conversación real?”. Mi respuesta fue no. Muchos sorbos de conexión no suman un trago de conversación.

 La conexión en sorbos puede que funcione para reunir diferentes pequeños fragmentos de información o para decir “estoy  pensando en ti”. O incluso para decir “te quiero”. Pero la conexión en sorbos no funciona  bien para disculparnos. No funciona nada bien cuando se nos pide que veamos las cosas desde el punto de vista de otro. En estos casos, tenemos que escuchar. Tenemos que  responder en tiempo real. En estos intercambios demostramos nuestro temperamento y nuestro carácter. Construimos confianza.

La conversación cara a cara se desarrolla lentamente. Nos enseña a ser pacientes. Prestamos atención al tono y a los matices. Cuando nos comunicamos a través de nuestros dispositivos digitales, adquirimos hábitos distintos. Al aumentar el volumen y la velocidad de nuestras conexiones digitales, exigimos respuestas inmediatas; reducimos la profundidad de nuestras comunicaciones, las simplificamos, incluso cuando tratamos los temas más importantes. Y nos hemos acostumbrado a una vida de interrupciones constantes.

Sherry Turkle

 

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