Posteado por: ere101 | febrero 5, 2017

Un poco de transcendencia atea

Durante muchos años fui creyente. Participaba en grupos de parroquia, estuve en comunidades de base, hasta que en un momento de mi vida, por el año 2000, me reconocí a mi mismo que mi forma de pensar y de sentir había cambiado. Me volví ateo.

No reniego de mi pasado religioso; al contrario me siento muy agradecido por lo que viví, lo que aprendí, y sobre todo por las maravillosas personas que he conocido. Siento que las experiencias de esos años me han configurado como persona y me han ayudado muchísimo. No sería quien soy ahora sin esos años, que por supuesto tuvieron sus luces y sus sombras.

Esta introducción, que se me ha ido un poco de las manos, era para decir que ahora soy un ateo, que por influjo de su pasado, se plantea temas como la espiritualidad y la trascendencia. Desde otra perspectiva claro.

Una de las cosas que más me costó cuando saqué la fe de mi vida, fue plantearme cómo fundamentaba ahora cuestiones como el sentido de la vida y los valores con los que quería vivir. Es decir cómo me explicaba yo ahora , qué es la vida, por  qué pasan las cosas que pasan, cuál es la mejor forma de vivir y cómo conducirme yo en las relaciones con las otras personas.

Fui encontrando mis respuestas, más o menos satisfactorias, y desde luego puedo decir que sigo en búsqueda de esas respuestas. Si me doy cuenta que echo de menos el absoluto. Quiero decir, cuando era creyente el sentido de la vida y el fundamento de los valores con los que quería vivir eran un absoluto. Podían resistirlo todo, pasara lo que pasara, ese absoluto, era una roca inamovible a la que aferrarse. Aunque no entendiese, aunque no encontrase sentido a lo que sucedía, a pesar del dolor y el sufrimiento, había algo (Dios) que siempre estaba ahí y que podía sostenerme.

Ahora, como decía, he encontrado respuestas, que más o menos me valen. Si me doy cuenta que mi mundo se ha vuelto muy relativo, no hay verdades absolutas en él, y a la hora de sostenerse cuando las cosas vienen mal dadas, me siento a la intemperie, que estoy solo y me las tengo que apañar yo mismo con mi mecanismo. A eso me refiero con echar de menos el absoluto. ¿En qué fundamento mi opción por unos valores determinados? ¿Por qué es mejor ser amable que ser un cabrón?¿por qué cooperar en vez de hacer la guerra con el otro? acaso ¿ por los resultados? en mi experiencia hay de todo, aunque si creo que más positivo que negativo, pero no hay garantía definitiva, he salido escaldado las suficientes veces para tenerlo claro.

Hace unos meses un amigo, que es sacerdote ( sigo muy relacionado con ese mundillo), decía que hacemos una apuesta existencial por la luz. Y creo que es así, él desde su fe, yo porque tengo la convicción de que hay formas de vivir más plenas que otras. Tengo esa convicción desde mi experiencia, desde lo que he vivido. No tengo la seguridad absoluta, y hoy puedo decir que nunca la tendré, por más que la busque y la ansíe. Nada ni nadie me puede garantizar que las cosas van a acabar bien, que las pruebas que me ponga la vida por delante podré superarlas, que la vida que vivo tiene sentido, que no estoy haciendo el canelo cuando procuro vivir de acuerdo a unos valores determinados.

Tendré que conformarme con el deseo, la aspiración y la convicción de que hacer esa apuesta existencial por la vida  merece la pena.

 

 

 

 

 

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