Posteado por: ere101 | octubre 26, 2012

Sabiduría eterna

Hace unos años me dio por leer a algunos de los gurús del management (Administración de empresas). Autores como Russell Ackoff, Peter Senge, Stephen R. Covey, Peter Drucker, etc. Me parecía que decían cosas muy interesantes y revolucionarias. Hablaban de estructuras horizontales en las empresas, organizaciones que aprenden, líderazgo democrático, calidad, valores en la filosofía de las empresas…, cosas así.
Con el tiempo me fui desencantando un poco de estos autores y estas temáticas, por varias razones. La principal, porque aquellas empresas y aquellos directivos de los que hablaban no podían estar más alejados de mi experiencia laboral y lo que veía a mi alrededor y en la sociedad. Vamos que aquello empezaba a parecerme economía-ficción.
Y la otra razón de peso, es que, ya no me parecían tan revolucionarios, no estaban diciendo nada nuevo. Usaban un lenguaje más actual, pero ya otras personas hace mucho, mucho tiempo decían lo mismo. Y descubrí que aquella vieja forma me gustaba más.
Que ahora se dice ” tolerencia a la frustración” en vez de templanza, como decían los clásicos, pues vale, pero en esencia es lo mismo. Porque como dicen algunos teóricos de las necesidades humanas, éstas son universales y atemporales. Lo que cambian son las formas de satisfacerlas.
De vez en cuando, sigo leyendo a esta gente del management, porque creo que la sabiduría está muy repartida, y todas las personas tienen la suya. Aunque reconozco que me convencen más, otros ámbitos y otras épocas.
Una muestra. Un texto de Pedro Abelardo, filósofo francés nacido a finales del siglo XI.

” Puesto que la fortaleza es una potencia del alma que reprime los asaltos de la adversidad, todas las virtudes que nos hacen constantes en la adversidad son partes de la fortaleza. Estas partes son las magnanimidad, la confianza, la seguridad, la magnificencia, la constancia, la firmeza. La magnanimidad es emprender voluntariamente cosas difíciles. La confianza es una esperanza firme de llevar a buen fin la obra emprendida. La seguridad es la virtud que nos impide temer las molestias inherentes a la obra emprendida. La magnificencia es una fuerza del alma que da su cumplimiento a las obras difíciles y sobresalientes. La constancia es una estabilidad del alma firme y perseverante en su propósito. La firmeza es una flexibilidad del alma que aminora la exaltación de la prosperidad y soporta con un alma igual los más duros percances. Tiene como partes la humildad y la paciencia.”

Porque yo creo que la clave de la tecnología, como de cualquier otra herramienta, es la persona que la utiliza.

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