Posteado por: ere101 | diciembre 11, 2017

Paseo otoñal

Hace unos días estuve en el Retiro. El otoño es la época del año que más me gusta para hacer fotografías por el parque.

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Posteado por: ere101 | diciembre 11, 2017

Las partes aburridas de la vida

 Una estudiante universitaria de último curso ha traído a un chico a su habitación de la residencia. Están en la cama juntos. Pero cuando él va  al baño, ella saca el teléfono  y se mete en Tinder, una aplicación en la que puede ver a otros hombres de la zona que podrían estar interesados en conocerla… o en algo más. Dice: “No tengo ni idea de por qué lo hice… Ese chico me gusta de verdad… Quiero salir con él, pero no me pude contener. No había nada nuevo en Facebook, ni había recibido ningún correo electrónico”.  Tendida en la cama, mientras esperaba a que su amante saliera del baño, se encontró con una de las partes aburridas de la vida.

Cuando cuento esta historia a personas de menos de treinta años, habitualmente se encogen de hombros. ASí son las cosas. Un momento de aburrimiento siempre es innecesario. Y siempre quieren saber quién está intentando conectar con ellos. O quién puede estar disponible. Pero la sensibilidad por la cual queremos un flujo constante de estímulos y esperamos eliminar las “partes aburridas” de la vida ha empezado a extenderse a sus mayores.

 Un joven padre, de treinta y cuatro años, me dice que cuando baña a su hija de dos años, se aburre. Y se siente culpable. Solo unas pocas noches antes, en lugar de estar sentado pacientemente junto a ella, hablándole y cantándole, como hizo con sus hermanos mayores, empezó revisar su correo electrónico en el teléfono. Y no era la primera vez. “Sé que no debería hacerlo, pero lo hago”, dice. “La hora del baño debería ser un momento para relajarme con mi hija. Pero me resulta imposible. Estoy mirando el teléfono todo el rato. El tiempo muerto del baño me aburre”.

 En un escenario completamente distinto, el senador John McCain se sentía inquieto en una sesión del SEnado sobre Siria. Así que se puso a jugar al póquer con el móvil para combatir la sensación. Cuando una imagen de esa partida llegó a la prensa, McCain hizo un chiste en Twitter sobre el hecho de que lo habían pillado: “¡Escándalo! ¡Pillado jugando con el iPhone en una sesión de tres horas y pico del senado. ¡Lo peor de todo, perdí!”.

 Evadirse en algo como un videojuego de póquer cuando experimentas un momento de aburrimiento se ha convertido en algo habitual. Pero si hasta los senadores se sienten cómodos diciendo que ir ” a otra parte” es normal durante una sesión sobre la crisis en Siria, es muy difícil esperar que alguien te preste toda su atención en cualquier situación, y desde luego, mucho menos en una clase o reunión. Y esto es muy desafortunado, pues los estudios demuestran que las pantallas encendidas degradan el rendimiento de todos aquellos que las ven, tanto de sus propietarios como de todos aquellos sentados a su alrededor.

 Además, tenemos que reconsiderar el valor que atribuimos a las “partes aburridas” de las que huimos. En el trabajo, el amor y la amistad, las relaciones dependen de escuchar aquello que parece aburrido, pero que es importante para otro. En una conversación, un “vacío” puede estar encaminado a convertirse en otra cosa. Si hay un momento en que la conversación se ralentiza, no hay otro modo de saber cuándo las cosas volverán a tomar impulso que permanecer en la conversación. La gente necesita tiempo para pensar y que se les ocurra algo nuevo.

Sin embargo, en la actualidad huimos de este tipo de ensoñaciones y conexiones. La capacidad de hacer varias tareas a la vez mediante nuestros dispositivos digitales nos hace sentir bien de forma inmediata. Lo que nuestros cerebros quieren es que entren nuevos estímulos: refrescantes, excitantes y sociales. Antes de que la tecnología nos permitiera estar en cualquier lugar en cualquier momento, la conversación con otras personas tenía un papel muy importante en la satisfacción de la necesidad de nuevos estímulos para nuestro cerebro. Pero ahora, nuestros dispositivos le ofrecen un menú continuo e infinitamente entretenido que requiere menos esfuerzo.

 Así que abandonamos el camino lento, en el que hay que esperar, escuchar y dejar que la mente repase las cosas. Nos apartamos del ritmo de la conversación humana. Y por ello, mantener conversaciones sin un programa preestablecido, en las que vas descubriendo las cosas sobre la marcha, nos resulta más difícil. No hemos dejado de hablar, pero nos hemos excluido, muchas veces de forma inconsciente, del tipo de conversación que requiere una atención plena. Cada vez que comprobamos el teléfono en compañía de otra persona, lo que obtenemos es un chute de estimulantes, una inyección neuroquímica, y lo que perdemos es lo que un amigo, profesor, pariente, amante o colega de trabajo acaba de decir, quería transmitir o sentía.

Sherry Turkle

Posteado por: ere101 | diciembre 4, 2017

Sé consciente

Cuando estés estresado, sé consciente de tu estrés.

Cuando estés irritado, sé consciente de tu irritación.

Cuando estés enfadado, sé consciente de tu enfado.

En cuanto seas consciente de todo eso,

ya no estarás perdido en ello.

Haemin Sunim

Posteado por: ere101 | noviembre 24, 2017

La vida virtual

La vida en nuestro nuevo mundo digital nos plantea un desafío como ciudadanos. Aunque internet aporta herramientas incomparables para recibir información y movilizarnos para pasar a la acción cuando nos enfrentamos a un problema que nos preocupa, nos tienta retirarnos a lo que yo llamaría la realidad online. Allí, podemos escoger ver solo a gente con la que estamos de acuerdo.  Y compartir únicamente aquellas ideas que creemos que nuestros seguidores quieren oír.

Allí, las cosas son más sencillas. O, mejor dicho, podemos hacer que parezcan más sencillas. Y en ese mundo que hemos denominado sin fricción, estamos acostumbrados a la sensación de conseguir hacer cosas: muchas generaciones han crecido ya conociendo el placer que aporta dominar un juego a un “nivel” y pasar a una nueva pantalla. Esta historia de logros fáciles es solo una forma en que la vida digital configura un nuevo yo público. Nos condiciona a ver el mundo como una colección de crisis que requieren acción inmediata. En este contexto, es fácil saltarse las conversaciones necesarias. ¿Qué ha provocado el problema? ¿Qué intereses hay en juego en el asunto? ¿Cuál es la situación sobre el terreno? Sobre el terreno nunca existe una solución fácil, tan solo fricción, complejidad e historia.

Sherry Turkle

 

Posteado por: ere101 | noviembre 21, 2017

Demasiado emocional

 Cuando pasamos de la conversación a la conexión, nos engañamos a nosotros mismos. Mi preocupación es que, con el tiempo, esto deje de preocuparnos. O, todavía peor, que olvidemos que existe una diferencia. Gretchen es una estudiante universitaria de segundo curso que no es capaz de apreciar la diferencia. La joven se sienta en mi despacho y me dice que le cuesta mucho concentrarse en los trabajos que tiene que hacer. Tiene problemas con su compañera de habitación. Ha estado flirteando con el ex novio de ella. Al principio lo hacía de forma inocente, pero las cosas fueron a más. Ahora el ex novio la utiliza como un arma contra su compañera de habitación

Cuando hablamos Gretchen está distraida. Sus notas son un desastre. Le pregunto si quiere hablar  con alguien del centro de orientación al estudiante. Me contesta que no, que necesita arreglar las cosas con su compañera de habitación. Lo que tiene que hacer, dice, es hablar con ella, disculparse y decirle “toda la verdad”. Gretchen añade: “Esto es lo que me devolverá la concentración”.

Le pregunto a Gretchen si prefiere volver ahora a su habitación, es casi la hora de la cena, y probablemente su compañera esté en la residencia, a solo diez minutos de mi oficina. Gretchen parece confundida, como si mi pregunta no tuviera sentido. “Voy a hablar con ella por el chat de Google”, dice, ” jamás lo haría cara a cara. Es demasiado emocional”.

Me quedé horrorizada cuando Stephen Colbert – interpretando a su “personaje”, un engreído presentador de un programa  de debate político conservador- me hizo una pregunta profunda durante una aparición en su programa:” ¿Acaso todos estos pequeños tuits, estos sorbitos de conexión online, no suman todos juntos un gran trago de conversación real?”. Mi respuesta fue no. Muchos sorbos de conexión no suman un trago de conversación.

 La conexión en sorbos puede que funcione para reunir diferentes pequeños fragmentos de información o para decir “estoy  pensando en ti”. O incluso para decir “te quiero”. Pero la conexión en sorbos no funciona  bien para disculparnos. No funciona nada bien cuando se nos pide que veamos las cosas desde el punto de vista de otro. En estos casos, tenemos que escuchar. Tenemos que  responder en tiempo real. En estos intercambios demostramos nuestro temperamento y nuestro carácter. Construimos confianza.

La conversación cara a cara se desarrolla lentamente. Nos enseña a ser pacientes. Prestamos atención al tono y a los matices. Cuando nos comunicamos a través de nuestros dispositivos digitales, adquirimos hábitos distintos. Al aumentar el volumen y la velocidad de nuestras conexiones digitales, exigimos respuestas inmediatas; reducimos la profundidad de nuestras comunicaciones, las simplificamos, incluso cuando tratamos los temas más importantes. Y nos hemos acostumbrado a una vida de interrupciones constantes.

Sherry Turkle

 

Posteado por: ere101 | noviembre 18, 2017

El amor duele

Al elegir un camino de amor nos hacemos candidatos al dolor. Cuando esto sucede, debemos abrirnos y aceptar la posibilidad de que en algún momento, algún día, quizá el amor nos duela; con el amor enriquecemos nuestra vida, la ampliamos, ganamos, pero en algún momento se retraerá de nuevo y perderemos. Todo tiene un límite, y algún día perderemos a la pareja y vendrá el dolor: con la muerte, con el divorcio, con el desencuentro … Sin apertura al dolor, no hay pareja, ni intimidad, ni vínculos significativos.

Cuando se produce una ruptura amorosa, lo más habitual es que se pongan en marcha muchas emociones y vivencias, algunas agradables, como liberación, sensación de esperanza o apertura, pero otras incómodas, como miedo, desestructuración, culpa, enojo, vergüenza, sensación de fracaso o pena. La mayor parte las consideramos negativas porque son difíciles de vivir y acoger, pero resultan imprescindibles para completar el proceso y salir fortalecidos.

Abrirse al amor en la pareja también significa hacerse candidatos al dolor. Abrimos nuestro corazón cuando podemos asumir y estar de acuerdo con que tal vez nos dolerá. De hecho, en el amor esperamos que el otro nos tratará bien, cumplirá sus compromisos y deseará nuestra dicha, pero también debemos saber que no somos niños indefensos y que nos hacemos más grandes y sabios cuando aprendemos que el otro, a pesar del amor y de la confianza, también puede errar y nos puede traicionar, y que la verdadera confianza asiente ante esta posibilidad y sus consecuencias en lugar de invertir en férreos e indignos controles. Si al fin deviene la traición, el desamor o la ruptura inesperada, se pone a prueba nuestra estima, que consiste en saber que podremos con ello, que lo superaremos, fortalecidos y con el corazón abierto, y que estamos preparados para afrontar los retos emocionales que se nos presenten en el trayecto que ha de conducirnos hacia nuevos y felices vínculos. Además, cuando hemos sido heridos, ya no tiene sentido seguir protegiéndose. Nuestra capacidad de valorarnos a nosotros mismos, de seguir queriéndonos, se pone a prueba cuando vivimos el fracaso de una relación o nuestra pareja nos dice que no quiere continuar viviendo con nosotros o deja de elegirnos. Ahí aparecen todos los fantasmas: que ya no servimos, que no encontraremos otra pareja nunca más, que nadie nos va a querer, que moriremos, etcétera. En esos momentos ayuda saber que tenemos un valor independientemente de que el otro nos valore o no; que tenemos valor para otras personas por nosotros mismos, por el solo hecho de existir. Y, sobre todo, saber que conservamos intacta nuestra capacidad de amar y que, con el tiempo, esa capacidad encontrará un nuevo cauce en otra u otras personas

Joan Garriga

Posteado por: ere101 | noviembre 15, 2017

“Lo siento”, enviar

Siempre ha sido muy difícil sentarse y decirle a alguien que lo sientes cuando has cometido un error. Ahora disponemos de alternativas que nos parecen menos estresantes: podemos enviar una foto con una anotación, o podemos enviar un mensaje de texto o un correo electrónico. Ya no tenemos por qué disculparnos en persona; podemos escribir “lo siento” y enviar. Pero cara a cara, vemos que hemos hecho daño a la otra persona. Y esta otra persona ve que eso no nos resulta indiferente. Es esta mutua comprensión la que inicia el perdón.

 Nada de esto sucede cuando escribimos “lo siento” y pulsamos enviar. En el momento del remordimiento, exportamos nuestros sentimientos en lugar de permitir que se produzca un momento de descubrimiento personal. Desplazamos un conflicto interno sin procesarlo, enviamos hacia fuera el sentimiento. Una disculpa cara a cara es una oportunidad de practicar la empatía. En caso de ser el arrepentido, nos corresponde ponernos en la piel del otro. Y si somos la persona que recibe la disculpa, también se nos exige ver las cosas desde la perspectiva de la otra parte para así poder avanzar juntos por el camino de la empatía. En una conexión digital, se puede evitar todo esto. Por tanto nos jugamos mucho si abandonamos las disculpas cara a cara. Si no hacemos que los niños experimenten situaciones que enseñan empatía (y una disculpa cara a cara es precisamente una de esas situaciones), no es sorprendente que luego les cueste trabajo calibrar el efecto que sus palabras tienen sobre los demás.

 Esa “brecha de empatía” empieza cuando los niños son pequeños y perdura a lo largo de la vida. Este es el comentario de una estudiante de posgrado de económicas sobre lo que se pierde cuando sus amigas se disculpan por mensaje de texto. Lo denomina una “tregua artificial”.

Un “lo siento” enviado mendiante mensaje de texto significa, por un lado, “No quiero que siga habiendo tensión entre nosotras; vamos a arreglarlo” y al mismo tiempo dice “No voy a estar a tu lado mientras te sientas así; avísame cuando ya no tengamos un problema”. Cuando me peleo con mi novio y la pelea termina con un mensaje de “lo siento”, estoy segura al cien por cien de que esa pelea en concreto va a resurgir. No ha sido resuelta.

Fragmento de En defensa de la conversación        Sherry Turkle

Posteado por: ere101 | noviembre 15, 2017

Lofoten

He aquí un video de una belleza sublime. El escenario, las Islas Lofoten, un archipiélago noruego, situado por encima del círculo polar ártico.

Está realizado por Stefan Zimmermman. Rodado con un drón y con tecnología 4K.

Para disfrutar… y yo recomiendo verlo en pantalla grande   Beautiful Lofoten

Posteado por: ere101 | noviembre 8, 2017

En defensa de la conversación

En mi casa tengo tres sillas; una para la soledad, otra para amistad y una tercera para la sociedad

Henry David Thoreau, Walden

 

 Desde los primeros días, vi que los ordenadores ofrecían la ilusión de la compañía sin las exigencias de la amistad, y luego, a medida que los programas eran cada vez mejores, la ilusión de la amistad sin las exigencias de la intimidad. Porque, cara a cara, la gente pide cosas que los ordenadores nunca piden. Con la gente, las cosas van mejor si prestas mucha atención y sabes ponerte en el lugar del otro.  La gente real exige una respuesta a sus sentimientos. Y no cualquier respuesta.

Pasar tiempo en una simulación prepara a los niños para pasar más tiempo en una simulación. Pasar tiempo con gente enseña a los niños cómo relacionarse, empezando por la capacidad de mantener una conversación. Y esto me lleva de vuelta a las preocupaciones de los profesores de Hoolbroke. A medida que los estudiantes de primaria empezaron a dedicar más tiempo a enviar mensajes de texto, perdieron práctica en la conversación cara a cara. Eso quiere decir que perdieron práctica en las artes que componen la empatía: aprender a mirar a los ojos, a escuchar y a prestar atención a otros. La conversación se encuentra en el camino hacia la experiencia de intimidad, la comunidad y la comunión. Recuperar la conversación es un paso hacia la recuperación de nuestros valores más fundamentales como seres humanos.

 La tecnología móvil ha venido para quedarse, junto con todas las maravillas que comporta. Sin embargo, ha llegado el momento de que valoremos en qué modo puede interferir en otras cosas que consideramos valiosas y que, una vez reconozcamos esto, podremos pasar a la acción: podemos tanto rediseñar la tecnología como cambiar la forma en que la incorporamos a nuestra vida

Fragmento de En defensa de la conversación  de Sherry Turkle

 

Posteado por: ere101 | julio 5, 2017

Crecimiento y desarrollo

Nos desarrollamos cuando nuestro deseo de vivir y de hacer cosas surge desde dentro de nosotros, cuando nuestros anhelos y deseos nos mueven, cuando nuestras percepciones y evaluaciones nos generan una nueva seguridad, cuando aumenta nuestra capacidad de estar en nuestra realidad y cuando somos capaces de tener en cuenta a los demás y a sus necesidades. Esto último no se opone al resto. Terminamos sintiendo nuestra propia existencia separada con la firmeza suficiente como para acercarnos sin miedo a los demás y a su realidad. Se trata de desarrollo cuando nos vemos orientados hacia algo que nos resulta claramente interesante y cuando queremos participar en ello. Se trata de crecimiento cuando algo que había permanecido inmóvil y silencioso se mueve y nos produce cierta inquietud interior. En definitiva, se trata de crecimiento cuando nuestra energía vital fluye de manera novedosa

Eugene T. Gendlin

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